domingo, 23 de junio de 2013

Escuchar para ser escuchados

Somos primordialmente seres “sociales”, en el sentido de que pasamos la mayor parte de nuestras vidas con otras personas. Por consiguiente, es importante aprender a entenderse con los otros y a funcionar adecuadamente en situaciones sociales. 

Uno de los principios más importantes y difíciles de todo el proceso comunicativo es el saber escuchar. No escuchamos en ocasiones a las demás personas por orgullo y por imponer nuestras ideas sobre los interlocutores, queremos ser escuchados, pero no sabemos escuchar.  

La escucha activa significa escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla. 

En este vídeo se muestra un ejemplo de la comunicación no efectiva, nadie escuchaba el objetivo de la reunión y los integrantes de la reunión se salieron del tema.


Existen grandes diferencias. El oír es simplemente percibir vibraciones de sonido. Mientras que escuchar es entender, comprender o dar sentido a lo que se oye.

Elementos que facilitan la escucha activa:
  • Expresar al otro que le escuchas con comunicación verbal (ya veo, umm, uh, etc.) y no verbal (contacto visual, gestos, inclinación del cuerpo, etc.).
  • Mostrar empatía.

Elementos a evitar en la escucha activa:
  • No distraernos, porque distraerse es fácil en determinados momentos.
  • No interrumpir al que habla.

En esto la habilidad emocional es primordial al momento de expresarnos y comunicarnos, si al momento de exponer un tema importante en cualquier momento de la vida pero aún más en el momento de comunicarnos frente jefes, gerentes o al dar un discurso frente miles de personas, la inteligencia emocional, el saber controlar las emociones, nos ayudan a enfrentar las situaciones con mayor éxito.

He aquí un vídeo acerca de la inteligencia emocional presentada por su autor Daniel Coleman.


Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más probabilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces en su vida, y de dominar los hábitos mentales que favorezcan su propia productividad; las personas que no pueden poner cierto orden en su vida emocional libran batallas interiores que sabotean su capacidad de concentrarse en el trabajo y pensar con claridad.

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